viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz año

A dos horas de entrar en 2011, os deseo un feliz año 2011, un año sin subidas de tarifa eléctrica, sin crisis, sin paro, un año de esos que uno siempre recordará porque por fin sus sueños se harán realidad. Pasáoslo bien, y hasta muy pronto, blogueros, bitacoreros, tardeselectriqueros.
Y un vídeo, "A New Year's day", de U2, con auténtico sabor a los ochenta.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Un caso de honradez retroactiva

Acabo de oír en la radio lo siguiente: un hombre entra en una ferretería y entrega una cantidad de dinero al dueño. El dueño, perplejo, le pregunta la razón de esa entrega. El hombre confiesa que treinta años atrás robó un martillo en esa misma ferretería, y, por fin, tal vez obsesionado por tamaño crimen durante nada menos que tres décadas, decidió devolverle el dinero al propietario. No se especifica si aplicó el IPC al robo (la cuenta sería astronómica, pensando en la inflación de esas décadas pasadas) o si simplemente abonó lo que hoy en día costaría un martillo. Lo claro es que más vale tarde que nunca. No me imagino a ese hombre torturado durante tantos años por el hecho de haber robado un martillo, ni siquiera aunque éste fuera de la marca Bellota. ¿Es honradez o simplemente puros remordimientos? Nunca lo sabremos.
El caso opuesto es el general Videla, felizmente condenado a la cárcel (morirá en ella) por crímenes contra la humanidad durante los años siniestros de la dictadura militar argentina. En el rostro de
ese miserable no se traslucía remordimiento de ningún tipo. La única pena es que sea tan mayor y vaya a pasar tan poco tiempo en la cárcel. Pero una gran victoria, que no se consiguió con Pinochet, es que muera en ella.

Dos canciones de Morrissey


Morrissey, o Moss, como le llaman en su país natal, Gran Bretaña, ha sostenido una carrera en solitario con altibajos, pero en general ejemplar. La voz de The Smiths sigue ahí, dejando su impronta. Esta canción, You have killed me ha sido su último gran éxito en las listas británicas hace un par de años. Yo sólo echo una cosa de menos cuando oigo a Morrissey: la guitarra del inimitable Johnny Marr, esa que daba aquel toque tan especial a The Smiths, uno de los mejores grupos de los ochenta sin discusión: no creo que nadie de mi edad no se haya puesto en pie con aquellas canciones como This charming man, There's a light that never goes out (por cierto, hay una gran versión de este tema por el ex Duncan Dhu Mikel Erentxun), Reel around the fountain y muchas otras.


Bueno, como me siento generoso, ahí va There's a light that never goes out. Tengo un nítido recuerdo de este tema: Fran y yo, en Puebla del Caramiñal, mi primer año de profesor, flipando una madrugada del sábado en la discoteca Boomerang. Glory days... Wild days too.

martes, 21 de diciembre de 2010

Felices fiestas


Mañana son las vacaciones, empiezan los preparativos, se acaba el tiempo de comprar regalos, el cuerpo se prepara para una revolución inminente del ácido úrico, el colesterol y las transaminasas, llegan las comilonas, las siestas pesadas, el frío aterrador, el marisco, el turrón de chocolate, ese cava que ya no te entra al final de la cena, los puñeteros villancicos de las calles, los padres buscando a última hora y enfebrecidos ese juguete que ya no se puede encontrar, llegan los reencuentros con los amigos que no ves con frecuencia, va a llegar un especial de nochebuena con... Raphael (oh, my God), se acercan las llamadas telefónicas, las risas y las lágrimas, esos envoltorios de regalo que no hay dios que abra, esa ropa interior inevitable para aquellos que somos del sexo masculino. Pues nada, espero que todo os vaya bien, que lo paséis estupendamente, que no discutáis a la mesa ("tengamos la fiesta en paz" es el mantra eterno de mi madre, de todas, supongo: una cosa debo decir: no funciona), que seáis felices, en suma. Yo no creo que entre mucho en el blog hasta comienzos de enero, a no ser que reciba buenas noticias y me digan que estoy en la lista de finalistas del Premio Nadal. Crucemos los dedos.
Como breve despedida, esta canción preciosa de The Cure, una de mis favoritas. ¿Tiene algo que ver con la navidad? Pues no, nada, pero me trae muy buenos recuerdos.
¡Felices fiestas, visitantes! ¡Be happy!


El profe, el alumno y el jamón


Un profesor de Cádiz apellidado Reyes fue denunciado por la madre de un alumno. Esto no sería tan raro si no fuera por la causa: el adorado, delicioso y grasiento jamón nacional. Resulta que el profesor hablaba sobre las distintas temperaturas existentes en el país, y su relación con la altura. Y de paso que hablaba de altura, precisó que los lugares altos y secos, como por ejemplo Trévelez (el pueblo más alto de España) eran propicios para curar el jamón. Pues ahí fue donde el alumno se indignó: debido a su religión, la mera mención del jamón le resultaba ofensiva, y conminó al profesor a que no nombrara más chacinas o similares. Parece que el profesor se rebotó (yo también me habría rebotado) , según su propia versión, y le dio cinco argumentos al alumno, más o menos que él no era quién para decirle que hablara o no de algo, que se adecuara al resto de sus compañeros, y que si no le gustaba la enseñanza del centro, podía irse a otro si quería. Según la versión de la madre denunciante, el profe le dijo a su hijo que se volviera a su país si no le gustaba el jamón o lo que fuera. El caso es que la federación musulmana considera que la demanda es una pura tontería, aunque el sambenito de xenófobo o racista que le va a caer al profe a lo mejor no se despacha tan pronto. Lo único bueno de esto para el profesor es que desde Trévelez se han apresurado en mandarle un jamón de regalo. Lo malo es que acabaremos como en Gran Bretaña, donde hace ya años una profesora autocensuró el cuento de Los Tres Cerditos por si ofendía a sus alumnos musulmanes. Bueno, la madre de este niño musulmán gaditano probablemente se ofendería. No quiero ni imaginarme qué ocurrirá cuando en Historia toque el tema de la reconquista, o las cruzadas. Va a arder... ¿Troya? ¿Jerusalén? ¿Santiago? ¿Trévelez? No lo sé, pero algo arderá, porque es tan fácil accionar la espoleta...

domingo, 19 de diciembre de 2010

Ella y él


She and Him es un dúo peculiar formado por el cantante M Ward y la actriz Zooey Deschanel, protagonista de El incidente y hermana de Emily Deschanel, la cartesiana y fría forense de la serie de la tele Bones. Ambos se unen para hacer música sesentera, ingenua, naïf y desenfadada, sin pretensión alguna y con alguna canción que no está mal. El vídeo de Why do you let me stay here? es buena prueba de esto. Por cierto, qué guapa es Zooey Deschanel, dicho sea de paso.


M Ward tiene una trayectoria más larga, que parte de la música independiente, como no podía ser de otro modo, y un disco interesante, Transistor Radio, con una canción titulada Radio campaign que es una de mis favoritas de este peculiar cantautor, una de esas canciones simples que a mí, por lo menos, me dicen algo.

Elena


Esta noche del sábado se ha muerto Elena, víctima de un maldito cáncer. Y este es mi breve homenaje a una mujer sin igual. Sabía que ya no le quedaba casi nada, y quiso regresar a Ponferrada, su tierra más querida, más aun, me parece, que su lugar natal, Tejedo, una aldea del norte de León. Con Elena se nos ha ido mucho a todos. A mí, en especial, se me ha quebrado una gran parte de mi niñez: cuando traía aquellas pastas de Cacabelos, que yo devoraba; cuando llegabas del colegio y estaba en casa hablando con Chiru en la cocina, y se te arreglaba el ánimo decaído post-escolar; cuando nos llevaba al pantano de Bárcena en junio, y en el cassette sonaban Serrat, Arena Caliente, Jorge Cafrune, Mari Trini... Era una mujer magnética, de una elegancia natural realmente espectacular, alta, generosa, adorable. No sé por qué, pero siempre que he visto o escuchado a María Dolores Pradera he pensado en Elena Álvarez. No sé qué se puede decir de ella que fuera malo: me imagino que nada. Es una de las mejores personas, de las más queridas que he conocido en mi vida. No me acostumbro a la idea de no volver a verla.
Elena es la que aparece en la foto agachada, las manos entrelazadas, con unos amigos en algún paraje de su Bierzo entrañable, en algún momento de finales de los setenta. Y no puedo escribir más.


sábado, 18 de diciembre de 2010

El hombre del año


Según la revista Time, Mark Zuckerberg es el hombre del año. Algún optimista especuló sobre la posibilidad de que fuera Julian Assange, pero ese optimista ignora el mundo en que vive. Pues bueno, el mérito de este joven de 26 años (eso es ser joven, y no como en los periódicos, que dicen cosa como: "Un joven de cuarenta años fue atropellado...": Cuarenta no es ser joven, me temo) es indudable, porque crear la gran red social, Facebook, tiene su tela. Lo peor de Facebook, para mí, es la trivialización de la palabra "amistad". Sé que el récord mundial de amigos en una red social, no sé si en ésta, es de una española de origen sudamericano, que tiene más de 200 000 "amigos". Bueno, si yo tuviera veinte años, fuera mujer, tuviera las medidas 90-60-90 y mostrara mis fotos en biquini en la red, no me extrañaría que me salieran amigos ("Amigüitos", los defino yo, como decía Locomotoro) hasta de debajo de las piedras.
Además, este chico ya tiene película, y dicen que es buena, y que es "oscarizable" (vaya palabrita más horrenda, oiga). Circula el tráiler por internet, con fondo sonoro de una canción titulada Creep, cantada por un angelical coro de niños. Creep fue el primer éxito del grupo británico Radiohead, una canción más que notable, según mi modo de ver. Me imagino que la eligieron por el verso recurrente: "Ojalá fuera alguien especial". El grupo en el vídeo resulta un tanto grimoso (especial atención a uno de los guitarras y al cantante, que parece haberse levantado de la cama con gran resacón).

viernes, 17 de diciembre de 2010

Presidente

Ayer fue un día peculiar. Por la mañana, cinco clases. Tan pronto comí, al instituto de vuelta para evaluar 4 ESO. Llegué a casa y acto seguido bajé al portal porque había reunión de la comunidad de vecinos. Una hora más tarde me convertía en el nuevo presidente de la comunidad, algo que dista bastante de ser el sueño de toda persona que viva en un bloque de pisos. Ahora tendré que evitar poner a Elliott Smith o Eels, porque dado mi estado de melancolía y estrés es fácil que me entren ganas de saltar por la ventana, sin paracaídas. Vaya jueves, el de ayer. Sólo me animó lo que comentó una profesora de Historia. A la pregunta sobre qué es un retablo, una alumna respondió que, por supuesto, era un lugar donde se guardaban a los animales. Me pregunto entonces qué será un retablo barroco: ¿un establo de columnas salomónicas?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El espíritu de navidad y los documentales de Disney



Hace muchos, muchos años, siempre ponían en la tele, durante las fechas navideñas, películas ñoñas con doblaje mexicano en las que los niños americanitos no sabían lo que era el "espíritu de navidad". Los niños se solían llamar Wally o Artie, y también solían tener un perro entrañable que se podía llamar Spotty o Darky (gracias por el nombre, Fernando). Al final de la película, los niños comprendían que la navidad era un tiempo de ayudar a los demás, de poner un pobre a la mesa, vaya, y los niños, como colofón, decían a sus papis: "Papis, ya entendimos lo que significa el espíritu de navidad" (esto pronunciado con acento del D.F., un poquillo empalagoso, por qué no decirlo). Sus papis les sonreían beatíficamente, por supuesto.
Yo percibía que del espíritu de navidad de Cincinatti o Cleveland al espíritu homónimo de Ponferrada o Valdemorillo de la Sierra había un abismo insondable. Porque para mí el espíritu de navidad consistía en comer como un oso en primavera, salir por ahí a pasármelo bien y esperar con ansia los regalos. Nada de intenciones trascendentes, nada de filantropía, todo de turrón, sidra El Gaitero y lo que hubiera. O sea que aquí era un espíritu excesivo (y sigue siendo), de ostentación, dipsomanía, gula, desenfreno y pereza. También había ira, sobre todo en las reuniones familiares. Codicia, no mucha, a no ser por los regalos. Y envidia... también de los regalos que recibían algunos suertudos (maldito Gonzalo: ¡tenía todos los Madelman!). O sea, que la navidad hispana ha sido siempre una amalgama brutal de todos los pecados capitales.
Volviendo a aquel acento hispano tan cercano a los de mi generación, creo que éste llegaba al paroxismo en un programa en especial: El Mágico Mundo de Disney. Este programa era como la lotería: podían tocarte dibujos animados (casi nunca), documentales científicos (prácticamente nunca) o documentales sobre la naturaleza (casi siempre) o de otra cosa que no recuerdo ahora. La decepción era suma, por supuesto: cuando decían "Desde el mundo de la naturalesa..." te invadía el mismo pesar que cuando ponían los dibujos animados que acababan con Koniec. Por alguna razón todos estos documentales empezaban así: Un niño llamado Sammy (o Bill, o Zach...) camina por la campiña. El que más recuerdo era más o menos así (debe leerse con acento mexicano, si no, no tiene gracia):
Un día Sammy camina por la campiña cuando de repente ve un zorrillo (yo esperaba ver un zorro, pero era una mofeta). Sammy dice: "¡Ven aquí, sorrilo, seremos muyyyy amiiigos!". Pero el zorrillo
se escabulle entre los arbustos. "¡Sorrillo, ven, no me dejes solo: te daré comida, te daré malteados!" (¿qué demonios eran los malteados esos?) . Al final, el sorrillo, harto de la brasa de Sammy, accede a ir con él.
Lo lleva a su casa y cuida de él bajo la, cómo no, beatífica mirada de sus papis: incluso le hace una cama con frasada y todo. Pero un día Sammy sabe que deberá dejar al zorrillo en libertad. Sammy libera a la mofeta (que previamente le tiró a la familia un par de cuescos que casi los mata, aunque todos ríen la gracia, cómo no, beatíficamente), y echa unas lagrimitas. El papi le pone la mano en el hombro y dice, con voz profunda: "Vamos, hijito, el sorrillo debe ir con su propia familia". Y Sammy se despide diciéndole: "¡Adiós, sorrillo, pronto nos volveremos a ver".
Pues así eran. Una sobredosis de azúcares sólo superada por Los Walton, Mis adorables sobrinos y La casa de la pradera.

Prefab Sprout: Yo Recuerdo Aquello


Un día, aprincipios de los 90, volvía en coche de noche, con la radio puesta. El locutor hizo una extraordinaria introducción a una canción cuyo título no nombró. Y fue I remember that. En la oscuridad, sólo escuchando la música mientras el coche avanzaba, tuve unos de esos instantes de revelación que algunas veces tenemos, porque no muchas veces recordamos el momento en que una canción prendió en nuestro interior. Prefab Sprout, I remember that. Si piensas en la música de los años ochenta, es inevitable pensar en Prefab Sprout, pese a que el nombre del grupo no sea como para turar cohetes ("Col Prefabricada"). Durante unos cinco años Prefab Sprout, el grupo de los hermanos Paddy y Martin McAloon, y de los coros de Wendy Smith, ocuparon un nicho musical reservado casi solamente a ellos: un pop elegante, sofisticado, luminoso e inteligente. El disco Steve McQueen, con una cara A absolutamente inolvidable, dio paso a su siguiente éxito galáctico, el LP de Cars and girls y esta auténtica maravilla de canción, I remember that, un tema de amor, de nostalgia, de pura lágrima agradecida.

martes, 14 de diciembre de 2010

Seguimos con los payasos


Fue cosa de escribir la entrada sobre los payasos, y parece que todo va de payasos. Acaban de estrenar la película de Álex de la Iglesia Balada triste de trompeta, y acaba de salir en el País Semanal una entrevista con el director, y otra en la tele, afirmando cosas similares a las que dije yo. Por ejemplo, que la figura del payaso es un anacronismo viviente, y que gracia, lo que es gracia, poca hace. Y por casualidad, buscando un vídeo de Red Hot Chili Peppers, me encontré con que también el vídeo era circense. Pues vaya. Esta es la canción, Soul to squeeze.



Como contraste brutal, aquí está la triste balada de trompeta de Raphael, que dio nombre a la película; es algo que recuerdo a la perfección, recuerdos de la tele de la niñez, Raphael contoneándose en actitud sufridora frente a la trompeta del músico. Raphael resume en sí mismo los años sesenta de aquella España en blanco y negro:


lunes, 13 de diciembre de 2010

Maldita Nerea


Si digo Maldita Nerea, alguno creerá que despotrico de alguna alumna. No es el caso, aunque bien podría serlo. Es un grupo murciano, creo, con el que colaboran, en el disco que yo tengo, Lucía y Rebeca Jiménez. La verdad es que esta canción, Aunque ni siquiera existas, me gusta. Según parece, el nombre del grupo es ese porque para ellos "Nerea" representa la música, y "Maldita" es por lo difícil que es vivir de ella. Sí, chicos, y más difícil que va a ser.

Apellidos

Según El País de hoy, en 200 años no es que los gallegos vayamos a estar calvos, que también, sino que el 70 por ciento de los gallegos se apellidarán Fernández y Rodríguez. Vaya lío me imagino en el futuro, y pasar listas en clase va a ser aburridísimo... siempre y cuando siga habiendo clases dentro de 200 años, claro. También habla el artículo de ciertos apellidos bastante malsonantes, que están en franca decadencia, destinados a desaparecer, como el oso o el lince: Pirola, Malfeito, Cajade... y otros. Uno de ellos me recordó una anécdota de mi niñez. Era en septiembre en Ponferrada, la época de la vendimia. Llamaron al timbre y abrí. Un señor estaba a la puerta, con una cesta de uvas de su cosecha. Llamé a mi madre para que viniera. Mi madre apareció al instante y saludó al señor, que como al parecer era usual, traía las uvas de regalo. "Hola, Espantoso", dijo mi madre. Yo la miré anonadado: ¿qué yuyu le había dado a mi venerable madre? Y es que yo creía que "Espantoso" lo había dicho con minúscula. Ese era el apellido del señor. Dice el artículo que quedan menos de 200 "Espantosos" en Galicia. Yo no sé cómo lo habrán llevado toda la vida los pobres. Es como el árbitro que se apellidaba Condón Uriz: después de tanto choteo no le quedó otra que hacerse árbitro, total... El caso es que "Espantoso" significaba "Grandioso, maravilloso" en gallego medieval. Pero es que los tiempos cambian que es un espanto.
Los apellidos dan para mucho, a mí siempre me han interesado, y a menudo los uso en clase para intentar traducir los nombres de mis alumnos. Yo, por ejemplo, me llamaría Michael Hill, que suena bastante bien. El problema son los apellidos "enxebres" como "Maquieira", "Touza", etcétera, que uno no sabría cómo traducir; sin embargo, "Alba Mata", por ejemplo, sería "Dawn Bush". Pero voy a poneros a prueba. Voy a escribir varias formas de llamarse "Pérez" (literalmente, "Hijo de Pedro", genitivo), en distintos idiomas, y os voy a proporcionar los idiomas, a ver si acertáis:

Petrovic
Petrov
Pedersen
Peterson
Pietrinsky
Peris
Peres

Los idiomas son: Polaco, danés, serbio, portugués, valenciano (aunque no sea idioma), ruso e inglés.
Las soluciones: en Apellidos (2), próximamente.

sábado, 11 de diciembre de 2010

We'll meet again...


En 1939 los británicos Parker y Charles compusieron una canción, We'll meet again, que se convirtió en el himno de despedida de los soldados que partían al frente en la Segunda Guerra Mundial. Esta canción la popularizó la cantante Vera Lynn, que incluso participó en un musical del mismo nombre en 1943. La canción ha tenido decenas de versiones, tanto dentro del jazz como de la música popular (Johnny Cash, The Byrds...), y, como anécdota, es la canción que aparece en la escena final de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, esa sátira de Kubrick sobre la guerra fría que en realidad se titulaba: Doctor Strangelove or How I learned to stop worrying and love the bomb (Traducido: "El Doctor Amosextraño o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba atómica": fascinante: no coincide ni una palabra del título que le pusieron en español). Por cierto, y como curiosidad, esta canción fue incluida en un "pack" de 100 canciones que serían emitidas ininterrumpidamente por la BBC durante los cien días posteriores a un hipotético ataque nuclear. Es increíble, la de cosas que aprendes con la Wikipedia.
A mí me gusta especialmente la versión de Johnny Cash, que apareció en el disco American IV: The Man comes around. Y es especialmente emotiva porque Cash sabía que se estaba muriendo, y puso esta canción justo al final del álbum. La letra dice en su estribillo: "Nos volveremos a ver, no sé dónde ni sé cuándo pero sé que nos volveremos a ver un día soleado". Ideal para ir a una guerra, ideal para una despedida emotiva.



Y esta es la escena final de la película de Kubrick. Aquí nos despedimos del planeta, o el planeta se despide de nosotros.


viernes, 10 de diciembre de 2010

La historia de Cristina

Cuando nació Miguel, en 1993, contratamos a una mujer para que viniera a casa a cuidarlo y hacer las faenas del hogar mientras estábamos fuera. Esa mujer se llamaba Cristina, y poco a poco fuimos descubriendo la historia que se escondía detrás de aquella fachada de mujer guapa, de rompe y rasga, optimista, burlona y de armas tomar (no he puesto ninguna foto porque creo que las que tengo no le hacen justicia). Porque detrás de la "nanny" que cuidaba y hacía las labores del hogar estaba una mujer que estuvo casada con un cargo importante de una compañía petrolífera española, que llevaba un gran tren de vida, y que se enamoró de un empresario conservero famosísimo: corrían los principios de los años setenta en Vigo.
Esta es la historia, según la versión que ella (en compañía de otros) nos relató:
El marido de Cristina era conocedor del adulterio de su mujer, e incluso el empresario habló con el marido, y le propuso que Cristina viviera fuera de la ciudad para evitar escándalos, aparte de una compensación que me imagino sería enorme. Pero el marido dijo que aceptaría si Cristina renunciaba a la tutela de sus dos hijas. Cristina no aceptó esto, e intentó apartarse del empresario... pero ambos fueron incapaces de estar separados, y volvieron a unirse. Aquí empezó el cúmulo de circunstancias que llevaron al desastre.
Mientras tanto, en Vigo se había desatado uno de los mayores escándalos del franquismo: el caso Reace, conocido como "el aceite de Redondela"; Reace era una empresa en la cual estaba como socio nada menos que el hermano de Franco, Nicolás. La desaparición fraudulenta de 4 millones de litros de aceite preparados para el mercado provocó una retahíla de muertes en extrañas circunstancias: el denunciante del caso apareció muerto en Sevilla, junto con su mujer y su hija. Uno de los implicados apareció muerto en la cárcel. También un taxista falleció en circunstancias anómalas: una red de corrupción y violencia operaba desde las más altas instancias del estado hasta los niveles más anónimos de Vigo. Luego veremos cómo se anuda la historia.
Un día, Cristina regaló a su amante un cortaplumas por su cumpleaños. Cito esto porque, como decían los formalistas rusos, "si nombras una escopeta al principio del relato, ésta deberá ser utilizada al final". El empresario la colocó en su despacho. Una mañana apareció el marido de Cristina. Aprovechó un descuido del empresario para destrozarle las manos con un pisapapeles, y después se abalanzó sobre él, matándolo tras varias cuchilladas con el cortaplumas que Cristina le había regalado. Horas más tarde Cristina subía a visitar a su amante cuando supo lo sucedido, y se desmayó de la impresión.
Muy literarias son, también, las semanas que pasaron entre el homicidio y el arresto del marido; Cristina comentaba el pánico que sentía comiendo y durmiendo al lado del hombre que, de esto estaba convencida, había asesinado a su gran amor. Con el arresto llegó el juicio, y toda la verdad salió a la luz, causando un verdadero colapso en la ciudad y en el resto de España. La gente comentaba que el marido estaba también implicado de algún modo en el caso Reace, y que lo habían usado como cabeza de turco, matando así dos pájaros de un tiro. Insisto: esta es la versión de gente que vivió el caso muy de cerca: no pretendo juzgar lo que es cierto o lo que no.
Después del juicio, el hombre fue condenado a algunos años de prisión, con el atenuante del honor agraviado (él, que era consentidor) y el crimen pasional (él, que aparentemente estudió a la perfección el momento del asesinato). Un año más tarde salió libre gracias al indulto general por la muerte de Franco ... y la compañía para la que trabajaba le conservó el puesto en otra ciudad, La Coruña. Cristina, adúltera según las leyes de la época, fue desposeída de la tutela de sus dos hijas, que pasaron a vivir con la familia de él en La Coruña. Ella, que había vivido a lo grande, pasó a tener que trabajar limpiando pisos, bingos, o cuidando niños, como fue nuestro caso. Nunca se le cayeron los anillos, debo decir. Es triste saber la alegría que provocó la caída de Cristina en la sociedad "bien" de Vigo, sobre todo a las mujeres (los hombres hablarían con la boca chica, porque Cristina era el objeto de deseo de todo hombre de aquellos tiempos).
Cristina sólo pudo ver dos veces a sus hijas. Una, cuando asistió sin ser vista a la boda de la mayor en La Coruña. La otra, un mes antes de su muerte, lo cual hace todo aún más novelesco. Su hija pequeña la llamó porque quería hablar con ella (después de 25 años). Cristina comentó su horrible decepción por la frialdad con la que transcurrió el encuentro. Era su hija, pero la sintió muy lejana, muy diferente a ella, que siempre afirmaba lo siguiente: "Siempre me he dejado llevar por el corazón, no por la cabeza. Y así me ha ido". Genio y figura.
La última vez que la vimos fue un viernes, de 1999 0 2000, no estoy seguro. Había ido a la peluquería, y estaba guapísima. Yo se lo dije, lo recuerdo perfectamente, y ella expandió aquella sonrisa suya, como de niña traviesa y lista. Ese día se iba a Madrid con unos amigos. Estaba ilusionadísima, porque hacía muchísimo que no podía viajar. Recuerdo que lo último que le dijimos fue que se lo iba a pasar estupendamente. Nos dimos un beso de despedida. Un día después, Cristina murió en Madrid mientras dormía, de un infarto masivo. Fue una de las noticias que más nos han conmocionado en nuestra vida.
He omitido el resto de los nombres, aunque todos los que sepan algo de esos años los pueden imaginar. Nunca sabremos la verdad de todo lo que sucedió, eso es lo único que sabemos a ciencia cierta.

El asunto "Brétema"



Por fin he contactado con Manuel Rivas. Conseguí hablar con él para comentar lo de "Brétema", esa coincidencia que a mí me pareció tan espectacular... cuando, ahora lo sé, no lo es tanto. Rivas (un tipo encantador y cercano) me comentó que justamente por el asunto de la palabra "Brétema" en su último libro tuvo un encontronazo con la escritora Marina Mayoral (más bien ella con él), pues ella también nombró "Brétema" a un espacio definido, y alegó que tenía los derechos sobre ese nombre. Rivas me contó que para evitar líos, demandas y más, en la próxima edición cambiará el nombre a su "Brétema", aun cuando nadie tiene los derecho de una palabra. Parece que aquel lema de una marca de ropa infantil, "Mayoral hace amigos", no cuadra mucho con esta realidad. Y es que Rivas me convenció de algo: esa palabra que alude a la niebla sale en los títulos de casi doscientas obras en gallego, y se ha utilizado para el mismo fin que usamos tanto él como yo como Mayoral en infinidad de ocasiones. Por tanto, creo que todo está muy claro. Y muchas gracias a Manuel Rivas por atenderme telefónicamente cuando tenía que salir pitando de casa para ir a la radio. Lo siento si en algún momento llegué a dudar, pero cuando no tienes la notoriedad de otros y ves cómo ideas o nombres que crees genuinamente tuyos aparecen en otros textos da muy mal rollo. Como cuando Laura Gallego, la autora de literatura infantil y juvenil, sacó el libro "Alas Negras". Me dio una lipotimia. Y si buscas en google "Alas negras", ten por hecho que el libro de Gallego aparecerá en 50 000 páginas, ...y mi"Alas Negras", en un rinconcito arrabalero.

martes, 7 de diciembre de 2010

Julien Assange, detenido

Dije que le acusarían de zoofilia, exagerando como suelo. Pues no: parece que se saca un caso el pasado y lo acusan de acoso sexual. Julien Assange ha sido juzgado en Londres a petición de Estocolmo. No hay posibilidad de fianza. Seguramente lo extraditarán a los EE UU, vaya casualidad, vaya oportuno que es todo. Y ahora querrán hacernos creer que lo detienen por un caso que ha prescrito, y que no hay relación con Wikileaks. Es la tomadura de pelo eterna. EE UU está eufórico con la detención. No me extraña. De ahora en adelante, que protejan sus documentos, así la gente común no sabrá de sus manejos, de sus extorsiones, de sus capacidades innatas para hallar chivos expiatorios, para acusar de posesión de armas de destrucción masiva inexistentes, para poner en el centro de la diana a todos aquellos que no piensan como ellos. Estoy harto. Entre estos, los controladores y el gurú Pep estoy hasta el gorro de cinismo.

La mirada más inocente/malévola


Si hablé de Mitchum y Peck como rostros contrapuestos, creo que debería hablar del rostro más inocente, más hipnotizante que he visto en el cine. Su nombre era Montgomery Clift, y la película era ¿Vencedores o vencidos?, basada en el célebre proceso de Nüremberg a los dirigentes nazis en 1948. En la película, Clift representaba a Rudolph Petersen, un panadero alemán con un retraso intelectual que fue esterilizado (es decir, castrado) por los médicos nazis, siguiendo el dictado de la eugenesia según el credo de la pureza de la raza. Clift mira a la cámara como un hombre asustado, abrumado, ignorante, y totalmente inocente. Es la inocencia en estado puro, la candidez de un hombre con mente de niño que sufrió la crueldad atroz del nazismo. Y es coincidencia, pero el fiscal acusador en la película no era otro que Richard Widmark. Pero no sólo en un papel tan trágico y extremo hallamos esa luz especial en Clift. En Vidas rebeldes, dirigida por el gran John Huston, y obra póstuma de la legendaria Marilyn Monroe, Clift vuelve a capturar la cámara, a apoderarse de ella, con esa sonrisa de una bondad infinita, en ese western crepuscular de derrotados, de inadaptados. Como icono cinematográfico, Clift fue uno de los más gr
andes. Aún recuerdo ahora una película en que compartió cartel con Elizabeth Taylor, Un lugar en el sol. No sé si fue ese blanco y negro tan especial, no sé si fue que ambos estaban en su plenitud, pero sí sé que nunca he visto a dos animales de tal belleza juntos como en la famosa escena del baile.
El contrapunto a la inocencia de Clift no puede ser otro que una mujer irrepetible en sus papeles malévolos: Bette Davis. Pocas veces una cara ha dado para tanto, muy infrecuentemente alguien ha bordado sus papeles como ella, un auténtico monstruo del cine eterno. Davis tiene decenas de películas memorables, claro,
pero hay una que siempre me ha fascinado: la truculenta y siniestra ¿Qué fue de Baby Jane? En ella, Davis, ya una mujer de edad, es la hermana pequeña de una antigua estrella de cine que está paralítica: nada menos que Joan Crawford. Ésta última tiene que soportar todas las vejaciones, toda la
crueldad en aumento por parte de su hermana. Pocas veces he visto en una película esa contraposición inocencia-perversidad llegar hasta los límites del duro y genial film de Robert Aldrich. Y me da lástima decir esto, pero los actores y actrices actuales están a años luz del carisma que poseían aquellos monstruos de la pantalla. Sí, ya sé que algunos mantienen el tipo perfectamente, como Meryl Streep, o Al Pacino, o Kevin Spacey, Helen Mirren, y otros. Pero les falta algo, aquel apoderarse de la luz, de las ondas vibrantes que la constituyen. Será que estoy nostálgico.

Un plovelbio chino

El filósofo chino del siglo VI Xa-Cho-Lin (famoso por haber leído todo lo publicado hasta aquel momento) escribió un relato proverbial, en cantonés, sobre la prepotencia del poderoso. Se la dirigió a Yuan-Ku-Lé, un hombre que poseía enormes posesiones y presumía de su humildad, hasta que un día fue invitado a la ceremonia del té a un pequeño reino feudal donde reinaba el humilde Osá-Shu-Ná. Yuan-Ku-Lé se sentía demasiado importante como para ir a ese reino, y, aunque infringía todas las normas de la hospitalidad obligada, se negó a ir con la complacencia del gobernador. Sin embargo, Osá-Shu-Ná pidió justicia, de modo que el emperador tomó cartas en el asunto (dejando en evidencia al gobernador), y obligó a Yuan-Ku-Lé a visitar el pequeño reino. Yuan-Ku-Lé acudió muy cabreado y a toda prisa con su comitiva, y llegó por los pelos (en realidad llegó tarde, pero Osá-Shu-Ná, comprensivo, le perdonó la afrenta). Al regresar, y pese a haber regresado cargado de regalos de Osá-Shu-Ná, Yuan-Ku-Lé despotricó del emperador, y dijo ser víctima de sus deseos y arbitrariedades, ya que su reino, enorme y próspero, no pintaba nada en la Gran China. Al día siguiente tuvo que desdecirse de sus palabra, y explicar que todo había sido un calentón. Sin embargo, Xa-Cho-Lin escribió este breve relato aforístico para ejemplificar la actuación de uno y otro (lo escribo en cantonés, porque estimo que se entiende bastante bien):

Si homble poble sel victimista, esto estal dentlo de lógica de pobleza; pelo si homble lico y podeloso mostlalse victimista, eso sel mucho vicio.

(Al simpaticote de Peperone)

1974


Impactado por la lectura de la novela de David Peace titulada 1974. La novela forma parte de la trilogía Red Riding Quartet. David Peace escribió también la novela en que se basó la película The Damned United, disponible en videoclubes, que trata sobre los entresijos de las relaciones humanas en el mundo del fútbol (también se desarrolla en la misma zona, Leeds, y en la misma época histórica). La novela 1974 trata sobre la investigación de un periodista, Edward Dunford, acerca del truculento asesinato de una niña. El escenario de la trilogía es novedoso: el condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, que posiblemente pase a formar parte del olimpo de los escenarios de la novela negra; y el estilo de David Peace abre nuevos caminos en la novela negra, con una escritura subjetiva, cortante, con interferencias de monólogos interiores del protagonista, que habla siempre en primera persona, y constantes referencias musicales, deportivas y políticas con respecto a aquellos durísimos años en Gran Bretaña (y en el resto de Europa). En España David Peace es un desconocido, y yo he llegado a saber de él gracias a Sabela, la librera de Versus, tal vez (no, sin tal vez) a mejor librería de Vigo. Baste decir que Ridley Scott ha comprado los derechos de la trilogía para el cine: se avecina un nuevo Silencio de los corderos ahora que entramos en la segunda década del siglo veintiuno. En fin, que si os interesa, está publicada en la editorial Alba.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Otra de Quique, para Paula

En realidad no sé si a mi amiga Paula le gustó la de Quique González o la de Eels, pero como estoy muy despierto con el cabreo que tengo con los p... controladores aéreos, voy a dedicarle otra de Quique González, una del disco Salitre que canta aquí con su ex novia Rebeca Jiménez (hermana de la actriz Lucía Jiménez), a la que dedicó ese disco fundamental que se titula Kamikazes enamorados. La canción se titula De haberlo sabido, una canción poco conocida pero que cuando la conoces te deja una huella duradera:

Controladores aéreos

Última hora: los controladores aéreos se ponen en huelga de repente, sin previo aviso, y dejan tirados a nada menos que 250.000 viajeros. El ministro de Fomento, Pepe Blanco, en una alocución que debería quedar para la posteridad por su contundencia, define a los controladores como secuestradores, ya que previamente ha definido a los viajeros como rehenes. Me parece una definición acertada, muy acertada. Bravo, Pepiño. Además, parece que se va a militarizar la aviación civil, de modo que si persisten en su postura los controladores, la bromita les va a salir muy, pero que muy cara. Yo sólo pido humildemente que los expulsen de su trabajo y que vivan de las copiosas rentas que poseen el resto de sus vidas. Un colectivo que gana unos 300.000 euros al año se queja por sus condiciones laborales: la cosa tendría coña si no fuera porque es escandalosa. Pero aun mejor, yo también pido que sean ellos, con sus grandes caudales, quienes indemnicen a los usuarios, a los que han jorobado, a lo mejor, las únicas vacaciones que van a tener en un año. Yo sólo pido, muy humildemente, que los manden a Fox River, es decir, la prisión de Prison Break, y los metan en las celdas con T-Bag, Abruzzi y compañía. Yo sólo pido, con tremenda humildad, que les hagan limpiar las letrinas, los estercoleros, los basureros, las alcantarillas de todas las ciudades de España. Es lo único que pido, no sé si es mucho.

Quiqueels González

Vuelvo a Quique González, a la admiración infinita que siento por él, al agradecimiento por haber escrito tantas canciones que forman parte de mi vida. Una de las imprescindibles es Pequeño rock and roll, interpretada aquí junto a un gran Bunbury, que da aun más realce a esta canción inolvidable.


Y reseño el gran disco de Eels, el más reciente y, sin duda alguna por mi parte, el mejor, el más completo, el más optimista. Mark Everett II, alias "E", se siente feliz y enamorado. El disco es como un renacer de la sombras que siempre han poblado a este hombre de poca suerte. Tomorrow morning, una auténtica preciosidad con canciones tan bellas y tan "eels" como I like the way this is going, o Oh so lovely. Imprescindible la audición .



Robert Mitchum



Hubo dos actores que me impresionaron de pequeño. Uno, Richard Widmark, por razones que aún desconozco, tal vez su cara, con aquellas facciones tan angulosas, me dejaron una huella; el otro, el gran Robert Mitchum. Y es que Robert Mitchum era un icono del cinismo, de la dureza impenetrable, de la imperturbabilidad más acojonante, del Mal, en definitiva. Creo que nunca lo vi haciendo de "bueno", porque cuando representó al detective Philip Marlowe de Raymond Chandler, éste no era el "bueno" tal y como entendemos. Y fue el "malo" en innumerables películas, aunque recuerdo especialmente
dos papeles decisivos: uno, en la versión antigua de El Cabo del Miedo, enfrentado al grandísimo Gregory Peck, que ha sido para mí, siempre, la encarnación del Bien; el otro, en la legendaria película del actor Charles Laughton de 1955, La noche del cazador, una película en la que el personaje del reverendo Harry Powell (Mitchum) destaca poderosamente, en la que aparece la famosa escena en que escenifica la lucha entre el Amor y el Odio, tatuados los nombres en sus nudillos. Esta película, que trata sobre la persecución que realiza el perverso Powell sobre sus dos hijastros, es una de las joyas más extrañas del cine, pues mezcla el suspense con lo onírico, el relato infantil con el terror. Nunca Robert Mitchum se mostró más aterrador que en esta película. Siempre he pensado que cuando uno hace muy bien de malvado es porque en cierto modo lo es. En su caso, vista la biografía de Robert Charles Durman Mitchum, parece que sus personajes se correspondían con su personalidad.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El terror



Humor y terror envejecen horriblemente en el mundo del cine. Cuando era pequeño, decían que El cuervo te ponía los pelos de punta, al igual que Boris Karloff o Bela Lugosi. Cuando pude ver sus películas más que miedo me dio la risa. Esto se percibe ahora con claridad, en estas nuevas generaciones de cinevidentes. El exorcista, por ejemplo, aterrorizó a mi generación y a las anteriores. En muchos cines hubo ataques de histeria, y las cifras de los contadores Geiger de pesadillas se multiplicaron exponencialmente. Hoy en día, niños de doce años dicen que se rieron con la película (algunos hablan de boquilla, porque otros tuvieron que volver a dormir con sus papis), y afirman ser adictos a las secuelas de Saw, esas películas morbosas consistentes en automutilaciones que más que espanto dan arcadas.
Yo siempre he sido aficionado al terror, pero más al terror con suspense, o al sobrenatural, que a las cafradas. Recuerdo con gran emoción El resplandor, o alguna menos conocida, como El otro, o La reencarnación de Peter Proud, o me fascinó en su tiempo Carrie, con sus connotaciones de puritanismo y paranormalidad, o El corazón del ángel. Los vampiros nunca me han dado miedo, ni los hombres-lobo, ni las momias ni mandangas: tal vez lo satánico me ha seducido más que lo anterior, o incluso los zombies o los infectados por virus raros, o mejor aun, las posibilidades que ofrece la mente humana para evaluar la complejidad de los miedos. En mi caso, hubo una película que fue la que cruzó un límite hasta entonces inabordable: La matanza de Texas. Después de verla, a principios de los ochenta, me fui a la cama con una sensación de inquietud hasta entonces desconocida. Me metí en la cama, y aún seguía oyendo la sierra mecánica de Leatherface. Tuve las imágenes de esa película en mi mente durante mucho tiempo, muy a mi pesar, pues me causaban un rechazo, una repugnancia insondable. Ahora, La matanza de Texas casi se emitiría en horario infantil. Sólo hay que ver las series de dibujos animados para concluir que las cosas han cambiado mucho. Ahora imperan el sadismo, la carnicería, la casquería, por encima del grito de espanto. Y la verdad es que me gusta ir al cine y pegar brincos. Por eso, el vídeo promocional de REC me pareció una auténtica genialidad: aunque la peli abuse un poco de casquería, el efecto de realidad quedó muy conseguido. Y los brincos y sobresaltos son como la vida misma: son la vida misma:

Auteurs




En 1993 el grupo The Auteurs, liderado por Luke Haines, sacó su álbum de debut: New Wave. Lo tengo en vinilo, pero era casi inencontrable en formato CD, hasta que conseguí comprarlo en Amazon, ya que me salía más barato que pasar el vinilo a CD. Hoy he vuelto a oírlo después de tantos años, y sigue teniendo la misma fuerza y calidad (no es común: casi todos los discos pierden con el tiempo), y un número considerable de canciones muy buenas: Showgirl, Bailed Out, Valet parking, How could I be wrong... y sobre todo, mi favorita, Early years. Es una canción potente, densa,con riffs emocionantes, que me recuerda un poco al sonido de Steve Miller Band o de Sniffin' the Tears. Si pudiera poner banda sonora a mi blog, Early years sería mi carta de presentación eléctrica, mi tema electrizante:





Wikileaks



Si son ciertas las filtraciones del gobierno de EEUU, no nos queda más que llegar a dos conclusiones: tanto el gobierno anterior como la administración de Obama siguen en sus trece, es decir, presionando hasta límites más allá de lo imaginable a los aliados para conseguir sus propósitos, y saltándose la legalidad internacional a la torera. La segunda conclusión, que para mí es aun peor, es que los estados aliados no son más que títeres de la administración de EEUU. Si es verdad todo, no puedo menos que recordar las frases de Expedientes X: "El gobierno niega todo conocimiento" y "La verdad está ahí afuera". Los teóricos de la conspiración han hallado por fin los documentos necesarios para sus argumentarios. Los países occidentales somos muñecos de paja, gregarios, muñecotes, nada más. Las democracias occidentales no son más que lo que algunos lobbies quieren que sean. Si aquí teníamos a la iglesia, a las TDT y a algunos otros, encima añadimos a los del otro lado del Atlántico. Y ahora empezará la caza y captura de Julian Assanges, fundador de Wikileaks: no descarto que le acusen de crímenes contra la humanidad, de cohecho, prevaricación o zoofilia. Estamos buenos. Estamos perdidos. Qué vergüenza.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El dios Pan está aquí



Mike Scott, líder de los Waterboys, cantó al dios Pan, incitó a buscar ese dios pagano, lúbrico, primario, primitivo, en el interior de cada uno, a iniciar un viaje bajo la piel, a respirar lentamente, cerrar los ojos y empezar, a sentir el viento delicioso, dulce y salvaje con la promesa del placer. Nadie como Scott para unir épica y sentimiento, poesía y pasión. This is the sea era el álbum; The Pan within, la canción, que habitualmente unía con otro clásico del rock: Because the night. Más tarde compuso otra canción titulada The return of Pan, en la que asegura que el gran dios Pan está aún vivo en nuestro mundo. Obviamente, Pan es una gran obsesión de este gran compositor irlandés, tomado el dios como la personificación de las pasiones, no literalmente, es decir, ese hombre con cuernos y patas de carnero que en los mitos del pasado en Grecia perseguía con lúbricas intenciones a zagalas o zagales indistintamente (según Jimmy Giménez Arnau, "iba a vela y vapor"), paralizándolos con lo que dio en llamarse "terror pánico", eso que sentimos algunos cuando oímos las previsiones sobre la economía.




viernes, 26 de noviembre de 2010

Payasos



Cuando era pequeño, parecía como si a todo el mundo le gustara el circo. A mí, en cambio, me producía una inmensa tristeza. Por supuesto que era diferente ver los grandes circos profesionales europeos y ver esos de pueblo a los que tenías acceso. Y esos me bajaban el alma a los pies. Los trapecistas fallaban y caían en la red, los leones estaban desnutridos como si hubieran pasado la vida en Treblinka, los trajes más que de oropel eran de mercadillo, y los payasos... ay, los payasos. Yo intentaba reírme con sus gracias, pero me resultaba imposible, y era horrible oír los abucheos de los demás niños, crueles por definición. Los payasos eran lo más triste que había visto en mi vida, nada que ver con los Payasos de la tele, esos molaban porque eran distintos. Es que, la verdad, a mí ni el gran Charlie Rivel me hacía ni puñetera gracia.
Con el tiempo, y con la decadencia del circo, el payaso tipo clown llegó a otro estatus, y creo que por obra y gracia de Stephen King, con su novela (demasiado larga, la verdad) It. Stephen King tiene un punto de genialidad cuando explora los miedos de los niños, porque, la verdad, un payaso visto de cerca daba más miedo que otra cosa. A raíz del libro y la película, el clown ha pasado a ser un objeto más del universo del terror, o al menos del límite del terror (pensad en Krusty, el de los Simpson). Recuerdo una preciosa canción de Eels, 3 speed, en que una niña acechada por la muerte expone sus deseos de niña: una bici con tres piñones, una fiesta con un "scary clown" (un payaso que da miedo). Sí, el clown se ha quedado en nuestro mundo para causar miedo, o para usar sus máscaras para cometer delitos (no sé en qué película vi esto) no para hacer reír. Como las muñecas de porcelana. Si quieres que un niño pase terror, hazle dormir en una habitación llena de muñecas de porcelana. Pocas cosas hay tan perturbadoras.
Aquí está una escena antológica de It, una de esas que no puedes olvidar aunque quieras porque resumen los miedos de un niño de tal modo que parece mentira que King no fuera niño cuando lo escribió. Y más abajo, 3 Speed de Eels.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Homer y Langley, y el apocalipsis


Homer & Langley es el título de la novela más reciente del norteamericano Doctorow. Si hay algo que me gusta cuando hablamos de películas o libros son estos que te permiten ver la evolución de una sociedad a través de ellos. Es el caso de El Padrino, de Forrest Gump o, en caso de literatura, de esta novela de la que hablo. En ella, Homer (ciego, como no podía ser de otro modo) y su hermano Langley (un pirado que quiere llegar a conseguir una especie de periodismo definitivo) viven en una mansión ruinosa de la Quinta Avenida de Nueva York, mansión que llenan de todos los cachivaches que encuentran, incluidos coches viejos: o sea, un síndrome de Diógenes exacerbado. Pero el caso es que desde esa casa en que están recluidos ven pasar el siglo XX por delante de sus ojos. Es una novela entrañable, simpática y con su punto trágico.
En otro orden de cosas, las cuatro conversaciones que sostuve ayer con cuatro personas distintas apuntaron a lo mismo: la visión catastrofista de la crisis. Ya he oído que el estad
o presentará suspensión de pagos a finales de mes, que estamos arruinados, que nos van a recortar más los sueldos, que van a bajar las pensiones, que van a echar a miles de funcionarios, que hay que huir de aquí mientras aún tengamos piernas y no tengamos que empeñarlas en el monte de piedad. Debo reconocer que no soy impermeable a estas cosas, y que el miedo asoma
cuando los especialistas hablan del poder de los especuladores, cuyas oscuras intenciones apuntan a liquidar el estado, aunque afirmen que nuestra situación no tienen nada que ver con Portugal, Irlanda o Grecia. Yo no sé qué es la verdad: desconozco estos temas, se me antojan un galimatías insoluble. Sólo sé que hay un partido que dice saber la solución a nuestros males, y que no es capaz de disimular su placer al ver que las cosas van mal, y que no ha planteado una moción de censura por si acaso (no vaya a ser que tampoco sepan qué hacer), porque al final la fruta (victoria electoral) caerá madura. A mí me recuerdan a los agoreros de ciertas sectas escatológicas: siempre están anunciando el fin del mundo, y un día seguro que acertarán... pero no va a quedar nadie para celebrarlo. Ni ellos.

UK según The The


Es una canción de 1986, de Matt Johnson, es decir, de The The. Su título es Heartland. En ella el cantante daba una visión desoladora de su propio país, Gran Bretaña, con el Estado del Bienestar colapsado por los gobiernos de Thatcher, con las "manchas que nunca se podrán sacar" aludiendo al conflicto del Ulster, con la visión autocomplaciente de sí misma con sus autobuses rojos y su ropa victoriana, una visión pesimista de esa Gran Bretaña que, para él acabará siendo el 51 estado de los EE UU. La letra podría haberse compuesto ayer u hoy, aludiendo a los poderes invencibles que siempre se llevan la parte del león: el escéptico que mire a su alrededor y piense en la banca mundial. Creo que la canción no ha envejecido mal, y ahí está:

lunes, 22 de noviembre de 2010

Nuevas del papa


Ratzinger va y dice que el preservativo sí, pero sólo cuando el buen cristiano se arrime a los lupanares. Por otro lado, como el preservativo no es el método para frenar el SIDA, sigue proponiendo la castidad. Tiene coña la cosa. Impone castidad a los ciudadanos católicos cuando los representantes de Cristo en la tierra están metidos en múltiples y escandalosas demandas por violaciones, pedofilia, violencia indiscriminada... Pero ahí sigue, este señor infalible, amargándole la existencia a tantas y tantas personas, cuando, si existiera una mínima objetividad, alguien debería pedirle cuentas, no sólo por haber condescendido durante años con la pederastia, sino también por haber formado parte de las Juventudes Hitlerianas. No entiendo muchas cosas. ¿Cómo es posible que un hombre que nació con las señales y los estigmas propios del que un día será papa, perteneció a las juventudes de uno de los partidos más racistas, xenófobos, crueles, genocidas de la historia? Y además, ¿qué autoridad puede tener un cura para hablar sobre sexo? Que ellos quieran pontificar sobre esos temas como si supieran algo (que teóricamente no PUEDEN saber) sería como si yo quisiera discutirle de mecánica a Fernando Alonso. Y hay gente que dice: ¡vaya avance, el del papa! Sí, vaya avance. Yo creo que, como se ve en la foto, ha entrado hace tiempo en el Lado Oscuro.

Cuando Los Lorchos fueron expulsados del Paraíso


El Quinto Día, Dios había jugueteado con barro, y formó de él a tres jóvenes. No quedó muy contento con lo que le salió. Como no sabía bien qué hacer con ellos, los alojó en el Hotel Paraíso, donde los tres jóvenes (todavía sin nombre, pues el mundo era demasiado joven) disfrutaban de las delicias del Todo Incluido. No pasaba día sin buffet libre y sin happy hour, ni había día en que no hicieran aerobic en la piscina. Todo era idílico, incluso Dios había prometido llevarles tres chicas de La Braña, Vilanova, aunque había introducido un elemento de discordia para que no se aburrieran demasiado: había hecho que cada uno sintiera simpatías hacia un club de fútbol distinto: el Madrid, el Barcelona y... el Bayern de Munich. Sólo había una cláusula impuesta por Dios: nunca debían abrir el Minibar del Bien y del Mal.
Un día subió el recepcionista del hotel a la habitación. Ellos no eran muy espabilados, por lo que no se percataron de que era una serpiente. La serpiente recepcionista insinuó que Dios le echaba mucho morro, negándoles el acceso al Minibar: ¿por qué no iban ellos a disfrutar de ese conocimiento? Ellos se alborotaron: tenía razón. ¿Por qué no podían abrir el Minibar del Bien y del Mal? Instigados por la serpiente, lo abrieron, y allí hallaron... Una botella de Brandy Gran Duque de Alba. Bebieron con placer, con fruición, con pasión. No quedó ni gota.
Pero Dios andaba supervisando por el Hotel, y algo se olió, porque entró en la habitación de los tres jóvenes y los sorprendió con la botella vacía en la mano.

-La habéis hecho buena- dijo, visiblemente cabreado-. Habéis bebido del Minibar del Bien y del Mal.

Los tres jóvenes sintieron temor. Y Dios habló con un cabreo que ni te cuento.

-De ahora en adelante, ansiaréis beber Gran Duque de Alba, pero sólo podréis beber Veterano de Osborne; codiciaréis a las chicas de La Braña, pero tendréis que conformaros con las del Campamento Paco Leis, o, aun peor, con las del barrio de San Pedro, es decir, Corea; desearéis ser las estrellas de las fiestas, pero permaneceréis huraños en un rincón; crearéis un grupo de música que nunca llegará a la fama mundial; seréis funcionarios del estado, o incluso algo peor: no podréis lucraros con las comisiones de los ayuntamientos; escucharéis música que nunca se pondrá en las discotecas (que inventaré en breve, para darle más caché al Hotel Paraíso); regresaréis andando de los clubes de las afueras, y tendréis esguinces, o meteréis vuestros pies en pozos negros. Y además, os ganaréis el brandy con el sudor de vuestra frente, y pariréis con dolor. Y aparte, una vez expulsados del Hotel Paraíso, las gentes os llamarán como a unos peces espantosos que acabo de crear, los lorchos, que son todo espina y nada de chicha. Por cierto, una vez fuera tendréis que repoblar el mundo, que de aburrido que está parece un pueblo inglés a las ocho de la tarde.

Obviamente, Dios, en su ofuscamiento, se había equivocado en una de sus maldiciones. Los tres estaban sobrecogidos. ¿Qué sería eso de parir? ¿cómo serían esos nefando lorchos acuáticos? Las palabras del Señor eran tan indescifrables como la campaña política de Laporta con María Lapiedra. Un ángel vestido de segurata los echó del hotel a cajas destempladas. Con un subfusil les enseñó la puerta de salida. Los Lorchos salieron cabizbajos, con una tabla de porexpán bajo el brazo que constituía el decálogo lorchuno, dictado por Dios.
-Jopé, nos han echado del Paraíso.
-Sí, pero mirad qué pillé del Minibar.
Los otros dos, admirados, vieron la botella de Torres 10 que a Dios se le había pasado desapercibida. Ignoraban que Dios los seguía vigilando, hábilmente disfrazado de zarza ardiente.
-Bueno, Dios dijo también que repobláramos el mundo, pero todo puede esperar, ¿no? Se me acaba de ocurrir una canción...
La zarza ardiente exclamó:
-¡Por favor, no! No será Pedro el Arroás, ¿verdad?
Como no eran muy espabilados, no se plantearon lo extraño que era que una zarza hablase, sino que pensaron que podía quemar el entorno. La apagaron a patadones, le echaron tierra y escupieron hasta que dejó de echar humo. Ahí firmaron su destino de lorchos incomprendidos.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Springfield


No voy a hablar del pueblo de los Simpson, sino de una canción del nada común cantante norteamericano Sufjan Stevens, del álbum The Avalanche. Si alguien quiere más información de él, y de su relación con la también extraña literatura de Henry J. Darger, y sus Vivian Girls, puede acudir a una entrada del 12/05/2008 titulada Experiencia Nocilla y Neo Folk en la que intento profundizar sobre varios temas sin conseguirlo, como siempre. Por cierto, acaba de sacar un disco, pero, con sinceridad, no creo que deba recomendar discos de Sufjan Stevens. Me parece excesivo, y para mí lo excesivo tiene un listón muy alto. Pero esta canción, cuyo título completo es Springfield, or Bobby got a shadfly caught in his hair, me parece irresistible, en su mejor acepción. Es como coger a un grupo folk que haya consumido cantidades masivas de psicotrópicos. Y si no me creéis, prestad atención al punteo de la guitarra, tal vez uno de los más cautivadores y estrambóticos que he oído en mi vida. Si os gusta, otra recomendación: si queréis levantaros con optimismo el lunes por la mañana, poned The Hennyey Buggy Band, también del mismo álbum.

Llueve


Llueve. Un telón de agua se cierne sobre nosotros. Las hojas de los árboles de la ciudad lloran colmadas de alegría. Sigue lloviendo, con precisión aritmética. La luz se borra, los días se acortan, el ánimo se postra en un sofá. Los animales subterráneos cavan más hondo. Las gaviotas caminan en círculos por las playas, como padres primerizos esperando en la sala de espera de maternidad. Llueve música monótona, minimalista, una misma nota más fuerte, más suave, igual. Llueven basílicas, llueven pirámides, llueven mezquitas de agua en la ciudad. Los ríos rugen como tigres desperezados. Hay olas en el asfalto. Llueve. Pasó la luna de octubre, Luna de Cazador, estamos en la luna de noviembre, Luna Helada. Las gotas de los cristales se congregan, se paran o aceleran con el viento. Las baldosas de las aceras preparan sus trampas. Sigue lloviendo, las nubes sonríen. Esto es sólo el comienzo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Yo La Tengo



No podía faltar la canción del fin de semana. Esta es de Yo La Tengo, un grupo de Nueva Jersey creado en 1984 por Ira Kaplan y Georgeia Hubley, que pasan del pop indie a la música ambiental en un mismo álbum.. Su nombre, extraño como pocos, se debe a una anécdota de béisbol algo complicada de contar. Por cierto, en la última novela de Paul Auster, Sunset Park, de próxima publicación en España, hay muchísimas referencias al béisbol, referencias que me dejan frío porque no entiendo ni jota de este deporte (aburrido como pocos, dicho sea de paso: sólo el cricket le supera en tedio). Pero a lo que íbamos: la canción se titula Stockholm Syndrome, y me gusta el título porque la primera vez que la oí me sentí secuestrado por ella.
En otro orden de cosas, si no habéis leído a la autora canadiense Joyce Carol Oates, creo que deberíais, sobre todo si os gustan los relatos de misterio, o de intriga psicológica. Recientemente he leído una selección de cuentos de este tipo, The museum of Dr Moses, que me ha parecido fascinante. Sé que algunos libros de relatos están traducidos al español, o sea que ánimo y a leer.
Y ahí está la canción:

Adiós, Balillo



Cuando se murió mi perro Randa, un dálmata de pequeña estatura guapo a rabiar y mimoso como pocos, en enero de 1983, el disgusto fue tan descomunal (ocho años con él en casa, ocho años siempre a mi lado con una lealtad inquebrantable) que juré que nunca más volvería a tener un animalito en casa (no uso la palabra "mascota": para mí una mascota es la cabra de la legión, por ejemplo). Ya por aquel entonces se pusieron de moda los hámsters, y yo no me explicaba qué demonios le veía la gente a un ratón enjaulado. Pero, como siempre, llegan tus hijos y haces cosas que nunca pensaste que llegaría a hacer: por lo tanto, hace poco más de un año accedimos al deseo de mi hijo Juan de tener un hámster ruso en casa. Mis hijos le pusieron de nombre "Balillo", que es un personaje peculiar que crearon ellos cuando eran niños: para parecerse a un "balillo" hay que hinchar los mofletes y asumir una expresión de pachorra inmensa. Probadlo: seréis balillos. Algún día debo hablar largo y tendido sobre los balillos y sus subdivisiones. Los balillos son consustanciales de nuestra familia.
Al principio yo era de lo más excéptico con lo del hámster, pero debo confesar que Balillo me empezó a hacer gracia, con su vitalidad y su velocidad que dejaría en paños menores a Speedy Gonsales. Pronto Balillo se convirtió en una institución, una pequeña y huraña institución, ya que su vida consistía en dormir, enterrarse en el serrín, dar vueltas a una rueda frenéticamente y comer como un poseso. Desgraciadamente, el pobre balillo contrajo un tumor (qué raro se me hace aun hoy en día que los animales sufran nuestras mismas enfermedades) , y esa cara de ratoncito listo se le fue deformando
por unas monstruosas inflamaciones a rebosar de pus. Pasamos un mes tratándolo como a un convaleciente semihumano, pero al final ya no hubo nada que hacer. La verdad, ¿quién me iba a decir que se me iba a poner un nudo en la garganta cuando, al dejarlo en la clínica veterinaria, di un toquecito en la jaula para despedirme de él (para siempre) y asomó la nariz?
Me reafirmo en mis antiguas convicciones: nunca más tendré ningún ser viviente (excepto las personas) en mi casa.

viernes, 19 de noviembre de 2010

400 entradas


Anda, resulta que acabo de ver que esta es mi entrada número 400. Si me dicen en febrero de 2008 que iba a escribir 400 entradas del blog me habría carcajeado, pero ya véis. La verdad es que no es sencillo esto del blog: hay fases en que escribo como un maníaco, y otras en que no tengo nada que decir, como es de comprender. Con todo, no creo que lo deje. Mucha gente me anima a que entre en Facebook porque me dice que viene a ser lo mismo. Ja. Yo me apunté dos veces al Facebook. La primera, me borré porque, sinceramente, a mí, a mi edad, no me dice absolutamente nada. Sí, ya sé que podría tener 10 000 amigos, casi tantos como el cantante Roberto Carlos en su canción, pero... ¿quiero yo tener 10 000, o 100 000 amigos? No. Me borré y luego tuve que volver a apuntarme para estar en contacto con ex compañeros de facultad de los que no sabía nada desde hace más de veinte años. Nos reunimos hace unos meses... y a partir de ahí no he regresado al Facebook. Las redes sociales no están hechas para mí, soy un tipo más bien solitario, incluso algo sociópata, y eso de tanta camaradería me abruma. En fin, que seguiré, no sé si 400 entradas más (dificilillo), pero seguiré porque me siento más feliz y más cómodo en este blog. Sé que es mío, y que lo domino a mi antojo, y no tengo que soportar las chorradas que escriben esos teóricos amigos que no me interesan nada de nada. Gracias por visitarme en las tardes eléctricas. Y por cierto, mi asombro no conoce fronteras cuando conozco desde dónde entran las visitas al blog. Las más numerosas, claro, de España, pero hay también de Portugal, Francia, México, Colombia, Chile, Cuba, Argentina, EE UU y... no os lo perdáis: ¡Rusia! ¿Será por mi sobrenombre "moterof"? Quién sabe.
Feliz fin de semana.
Os adjunto una de mis primeras entradas, del 3 de marzo de 2008. Muchos no la habréis leído porque os habéis unido al club más tarde:


Dios es gallego

Tengo la teoría de que Dios es gallego. Lo demostraré.
Analicemos la historia de Moisés. Moisés sube al monte donde recibirá los Mandamientos. Al llegar a la cima, contempla una zarza que arde pero no se consume (posiblemente era "buxo", o boj, en castellano). Esa zarza le habla, lo cual no deja de ser bastante extraño, pero el caso es que él, curioso de nacimiento, le pregunta a la zarza quién es o a quién representa. La voz responde: "Yo Soy Quien Yo Soy". Moisés, aturdido por la respuesta, vuelve a inquirir: "Vale, ¿pero quién eres?". La voz responde esta vez: "Yo Soy Quien Es". Moisés prefirió dejarse de inquisiciones, y visto el talante de la zarza, y asimismo el uso sibilino y tortuoso del lenguaje del que hacía gala, decidió hacerle caso y bajar los Mandamientos a su pueblo.
Se dice que en realidad Moisés no murió a las puertas de Canaán, sino que emigró hacia Poniente, sentando un precedente en su propio pueblo (bueno, su pueblo emigró hacia todos lados).
Un día llegó a un lugar que con los siglos se llamaría Cambados. En el camino se cruzó con un hombre que iba en manga corta pese al viento glacial que venía del mar. Moisés, admirado, le manifestó que era el hombre más fuerte que había conocido. El hombre afirmó que eso era cierto, pero también que "era o que máis frío pasaba". Desconcertado por estas palabras, entró en una taberna a ahogar el pasmo que le producía la retórica del paisanaje A la luz del vino blanco contó la historia de la zarza a cinco lugareños que acababan de descargar mirra de contrabando. Cuando terminó el relato, uno le dijo: "Dígocho eu"; otro, "Ai, si"; otro, "Ai, non"; el cuarto le espetó: "Andas por aí, calamidá" , y el quinto dijo: "Fala para un menos" y salió de allí a paso lento.
Moisés entonces cayó en la cuenta de que Dios podía ser omnipotente, omnisciente, ubicuo e incluso inicuo cuando se terciaba, pero lo evidente era que, de ser nativo de algún lado, Dios solo podía proceder de esa tierra donde hablaban tan raro. ¿Quién si no podía responder a las preguntas de modo tan extraño?
Se quedó a vivir allí, pues se sentía más cercano a Dios (¡hasta había gente que se apellidaba Dios!), y un día, años más tarde, se encontró por casualidad con otro hebreo, aunque a este le habían obligado a emigrar. El hombre lo reconoció, y, sorprendido, le preguntó: "Moisés, ¿qué haces tú por aquí?" Moisés replicó, en el habla local: "Si cho digo sabes tanto coma min".

Alguien tiene que parar esto


Leo atónito los comentarios de esa teórica persona llamada Salvador Sostres en una cadena pública (por llamarla de algún modo), Telemadrid. En presencia de los niños de un colegio, de once y doce años, este personaje repulsivo se dedicó a hacer comentarios libidinosos sobre las chicas menores de edad o en el límite. Lo peor fue que algunos, como ese pseudo-dandy llamado Alfonso Ussía, le reían los chistes. Es triste leer lo denigrante de sus comentarios sobre las mujeres hechas y derechas, que parecen apestar a ácido úrico, según él, cuando es evidente que él no se ha olido a sí mismo: huele a caspa, a sudor rancio, a troglodita (no: a dinosaurio). Ese mismo tipo ha sido defendido por, cómo no, Esperanza Aguirre, sí, la misma que defendió a Sánchez Dragó. Sotres colabora también con El Mundo, que es propietaria de Intereconomía, la cadena donde el fascista más atroz y reaccionario y carpetovetónico de este país se siente a gusto. Alguien tiene que detener esto. Alguien tiene que decirles que llamar "puerca" y "zorra" a una representante política tiene que tener un precio alto, que alardear de haber cometido el delito de pedofilia es algo que no debe prescribir, que por decir más o menos "que se joroben los haitianos, la naturaleza es sabia" uno debería rendir cuentas por lo menos ante Dios, ya que esta gente alardea de ser muy devota, que insinuar que los labios de otra representante de un partido político estarían mejor en "otro sitio" que en su propia cara es de una bajeza indescifrable. Todos católicos, apostólicos, romanos y de derechas. ¿Dónde está la derecha civilizada? ¿Son estas las enseñanzas que imparte esta gente tan eximia que cree estar por encima del bien y del mal? ¿Quién va a detener esto? ¿Quién tienen el coraje de clausurar ciertas cadenas de TDT, germen de xenofobia, fascismo nada encubierto, sexismo alarmante, groserías que te dejan anonadado? ¿Quién demonios va a parar esto, si ni siquiera el pilar moral en que se basan tiene la decencia de censurarlos?